Protestas contra los tratados de libre comercio
Napoleón Gómez Urrutia
H
ace pocos días el Congreso del Trabajo de Canadá, que agrupa a 3.3 millones
de miembros, emitió una declaración conjunta de todos los sindicatos que lo
integran, en protesta contra la firma anunciada para el próximo 21 de octubre,
de un Acuerdo Económico Amplio de Comercio Canadiense-Europeo, por lo cual le
exigen al gobierno de su país que no firme ni ratifique el CETA, por sus siglas
en inglés. La decisión de los líderes sindicales de esta nación es en
solidaridad con las denuncias masivas que están teniendo lugar en Europa, ya
que existen muchos aspectos cuestionables que no han sido aclarados y que
suscitan muchas dudas sobre los beneficios esperados o anunciados.
Los temas principales de este acuerdo comercial
altamente controvertido son muy similares a los que existen contra el otro
pacto comercial gemelo que es el TPP o Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio.
Fundamentalmente se cuestionan las reglas muy flexibles sobre los derechos de
los inversionistas contenidas en el acuerdo, así como la falta de protección de
los servicios públicos y del medio ambiente. En particular a los dirigentes de
Canadá les preocupa el sistema de atención a la salud y de los empleos,
señalando que el CETA contiene debilidades fundamentales que favorecen los
intereses corporativos por encima de los intereses de los canadienses, como lo
destacó Ken Neumann, director nacional del United Steelworkers (USW) de Canadá
o Sindicato Unido de los Trabajadores Siderúrgicos.
En México existen preocupaciones similares y quizá más
complicadas por sus efectos negativos sobre la economía nacional y el bienestar
de la población. Sin embargo, hemos perdido la noción de la gravedad o más bien
la conciencia sobre el análisis crítico y objetivo de los efectos de acuerdos
comerciales que se han firmado para satisfacer la vanidad de los gobernantes o
las ambiciones o intereses de los grupos empresariales. Pero rara vez
escuchamos opiniones serias, documentadas y nacionalistas para defender el
derecho de nuestro país y de los mexicanos a la soberanía, el progreso, el
bienestar real y la apertura de más y mejores oportunidades para la gran
mayoría de los mexicanos, y no sólo de unos cuantos.
Son contadas o casi nulas las expresiones objetivas y
críticas en torno a los efectos de estos tratados comerciales de parte de los
funcionarios públicos, de los dirigentes empresariales o incluso sindicales, de
los medios de comunicación o las organizaciones civiles y sociales, de tal
forma que los resultados se obtienen en la práctica, cuando ya el sistema económico
es más dependiente o vulnerable, o cuando se han perdido millones de empleos y
la pobreza se ha disparado a niveles alarmantes.
Sólo algunos centros académicos y de investigación, o
algunos intelectuales, de repente analizan los orígenes y las causas de la
explotación, la marginación, la desigualdad y los vínculos que existen con las
políticas comerciales liberales y de apertura total a la inversión y a la
penetración cada vez mayor de las grandes corporaciones internacionales y los
consorcios de la élite empresarial de México.
Es necesario hacer un alto en el camino y
cuestionarnos con profundidad, tal como lo están haciendo los líderes de
Canadá, de Europa y de otras partes del mundo, para saber e informar
públicamente cuáles serán los efectos al firmar este tipo de convenios o
tratados comerciales, como el TLCAN o el TPP, o los celebrados con otros
países. Muy en particular debemos fortalecer la capacidad de
análisis y decisión sobre cómo prever o, corregir, si se continúan firmando
esos acuerdos, así como poner en orden y racionalizartodas las
reglas sobre los derechos de los inversionistas, o cómo debemos protegernos de
la privatización oculta de los servicios públicos, o investigar cómo detener y
regular las extensiones abusivas de las patentes farmacéuticas. También cómo
controlar el poder de adquisición pública de cualquier servicio o sector del
gobierno, incluidos los casos de los estados y los municipios que generalmente
buscan favorecer los derechos y servicios locales contra los intereses externos.
Asimismo, es fundamental e indispensable incluir en dichos convenios un
mecanismo real siempre para respetar y hacer cumplir los derechos laborales.
Las críticas y los temores en Canadá, como también lo
deberían ser en México, son cuáles serán las pérdidas de empleos en los
sectores de la industria de procesos y de manufactura. Como bien lo señala
Jerry Dias, presidente de UNIFOR (Sindicato Nacional de Empleados Públicos y
Automotrices) y Paul Meinema, presidente nacional de UFCW (Sindicato de
Trabajadores Unidos del Comercio y la Alimentación) de Canadá: CETA es un
mal pacto que comprometerá los empleos de los trabajadores canadienses.
Nosotros no debemos firmar acuerdos comerciales como CETA que están
desequilibrados y sólo sirven a las agendas de las corporaciones
multinacionales. En su lugar, necesitamos acuerdos comerciales balanceados que
beneficien a todos los trabajadores y a los sectores donde ellos laboran. O
como bien dicen los líderes canadienses, el CETA es simplemente el TPP a través
de una puerta trasera.
Te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro. Si
México y los responsables de tomar estas decisiones no frenan, cambian,
corrigen o anulan esos acuerdos, entonces nos lamentaremos, como hoy lo hacemos
22 años después del resultado desastroso del TLCAN. Todos tenemos que poner más
atención, leer entre líneas lo que nos informan los políticos o algunos
empresarios, ejercer nuestro análisis crítico y emitir nuestras opiniones
pensando en el futuro, con visión de estadistas y no de simples gerentes o
empleados de intereses ajenos.
http://www.jornada.unam.mx/2016/09/22/opinion/016a1pol
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